
El antiguo alumno Ramón Conte (TECNUN´ 06) cuenta sus comienzos profesionales en Australia, y algunos recuerdos de cuando dejó Cádiz para venirse a la Escuela a estudiar Ingeniería Industrial
Australia, gran país… paisajes que te dejan boquiabierto, naturaleza exótica, costumbres ancestrales mezcladas con la cultura Bristish y sobre todo un país lleno de oportunidades. Este es el país donde resido desde hace unos 8 meses.
Fueron un cúmulo de sensaciones, pensamientos… que si no hay oportunidades profesionales en España… que si en San Sebastián, ciudad que amo, llueve mucho,... Con el paso del tiempo me he dado cuenta que esto solo eran excusas. Hoy por hoy no vas a tener oportunidades si no las buscas.
Hace ya algo más de 10 años desde que me fui de mi Cádiz natal, donde estaba encantado de la vida, a vivir a San Sebastián para estudiar ingeniería. En el caso de San Sebastián hasta terminar mi carrera, luego, resulta que me he quedado 6 años más y no me hubiera importado que hubieran sido muchos más. Aquí en Australia podría ocurrir algo parecido. No digo que lo desee o que lo busque, simplemente que podría pasar, aunque creo que mi futuro está allí, en Donosti.
Los comienzos en Australia los puedo definir en una palabra: duros, bueno mejor con tres muy, muy, muy duros. Me explico: aterrizas en un país en el que el idioma no es tu lengua, donde están un poco cansados de recibir emigrantes, con unas reglas de inmigración y de permisos de trabajo durísimos, con la cabeza en otro sitio y preguntándote constantemente qué haces aquí.
Tras unas vacaciones medité, pensé y me recupere. Reflexione sobre el consejo que me dieron; en Australia todo funciona por contactos -algo diferente a los Spanish enchufes- ábrete al país y tendrás tu oportunidad… Y eso hice, empecé a estudiar un máster, clases de inglés para practicar el acento australiano y a relacionarme en todo los ambientes donde tuve oportunidad mientras trabajaba en lo que salía. Conseguí un trabajo de monitor en una piscina, al mismo tiempo que daba algunas clases de surf. Empecé a integrarme y antes de que me diera cuenta surgió una buena oportunidad de lo mío. En resumen, no hay gloria sin piojos.
A partir de ese momento, las oportunidades se multiplicaron. Empecé trabajando 20 horas semanales hasta llegar a un momento en que perdí la cuenta. Siempre decía a todo que sí y luego ya me las arreglaba para hacerlo. Llegó el "intensivo" de inglés, el reconocimiento profesional y los medios económicos que me están permitiendo plantearme, entre otras cosas, estudiar un máster, cursillos, viajes, etc…
¿Los puntos positivos? La experiencia personal, el idioma y
que los salarios son bastante más altos. Al principio trabajé directamente con maquinaria, reparando, haciendo ‘up-grades’ pero todo físicamente, nada de ordenadores. He aprendido la ingeniería desde un punto de vista que siempre me interesó y aunque lo intenté en Europa nunca pude trabajar tan abiertamente con las maquinas e interactuar la mecánica y la electrónica tan directamente. En mi opinión, es una pena ser un ingeniero y no haberte manchado nunca las manos de grasa.
Al mismo tiempo, hay algo que siempre ha estado presente en mi vida y que sin darme cuenta se ha dado es mis tres lugares de larga residencia: El océano. Aquí la cultura de surf es brutal, la percibes desde el momento que pones un pie en el agua.
Aquí la cultura de surf es brutal, la percibes desde el momento que pones un pie en el agua y todo el mundo se saluda, siempre como mínimo un gesto con el rostro. Lo suficiente para sentirte bien. Disfrutas del paisaje, del ambiente, de la calidad y de estar en un océano donde su poder y exotismo escapan a tus límites.
Para mí, personalmente esta, está siendo una experiencia inolvidable y maravillosa y desde el punto profesional fuera de mis expectativas.
Lo bueno de ser ingeniero es que puedes trabajar prácticamente donde quieras, así que si necesitas un cambio o ya no sientes el paso del tiempo, búscate un puñado de excusas que valgan para convencer a los tuyos y coge puerta...




