“Tenemos tiempo para cambiar las cosas”

Paula Berroa, coordinadora de actividades sociales de Tecnun

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Un grupo de voluntarios de Tecnun con usuarios de Aspace FOTO: Servicio de Comunicación

05/12/2018 Servicio de Comunicación

El 5 de diciembre se celebra el Día del Voluntariado y, con este motivo, la coordinadora de Tantaka-Tecnun, Paula Berroa, escribe el siguiente artículo.

“Hace apenas unas semanas un alumno de Ingeniería me enseñó varias fotografías de su reciente estancia en África. Había estado durante un mes colaborando en la construcción de una escuela en la localidad tanzana de Arusha, colocando las primeras piedras de un colegio que podrá formar a cientos de niños. Hizo un comentario digno de reflexión: “Volví pensando en lo injusto que es el mundo. Hemos ayudado un poco en verano, nos hemos hecho la foto, pero hemos regresado a nuestras comodidades y ellos siguen allí sin ellas”. El estudiante continuó: “Por eso intento hacer también voluntariado en Gipuzkoa, acompañando a las personas que tenemos cerca, porque es a ellas a las que realmente vamos a poder ayudar más a largo plazo”. Aludió a la película Cadena de Favores, en la que se propone la idea de que, si cada uno ayuda a tres personas, las tres siguientes quizá también lo hagan, y así, tendríamos la capacidad de empezar a cambiar el mundo.

Con este fin se puso en marcha Tantaka, el Banco de Tiempo Solidario de la Universidad de Navarra. Su objetivo no es otro que fomentar en los estudiantes, profesores e investigadores, la filosofía con la que este alumno regresó de África: la de aprender a ponernos las gafas de ver necesidades, empezando por las más cercanas. Desde Tantaka, cuyo lema es “tenemos tiempo para cambiar las cosas”, animamos a la comunidad universitaria a dedicar una parte de su tiempo para echar una mano a organizaciones sociales de Gipuzkoa como Cruz Roja, Fundación Matia, Afagi (Asociación de Familiares y Amigos de Personas con Alzheimer) o Hazi eta Ikasi, entre otras. La idea de este proyecto es ‘ayudar al que ayuda’, haciendo lo que cada uno sabe o le gusta hacer. Me gusta pensar que, aunque nadie sepa hacer de todo, todos tenemos algo bueno que ofrecer.

Pienso que la esencia de Tantaka está, precisamente, en ayudar al voluntario a encontrar la manera de dar lo mejor de sí mismo. Se me viene a la cabeza la idea que tuvieron los estudiantes del grupo de teatro de Tecnun el curso pasado. Llevaban meses ensayando la obra ‘La Farsa’ y se les ocurrió representarla ante personas con discapacidad y ancianos que viven solos. Vieron en su hobbie una manera de hacer más agradable una mañana del mes de abril a estas personas actuando para ellos.

También hay profesores de la Escuela que colaboran dando refuerzo escolar a niños o adolescentes con dificultades, porque ven que la enseñanza es la herramienta con la que la pueden arrimar el hombro; universitarios a los que les gusta el deporte y están dispuestos a jugar un partido de futbol con reclusos del centro penitenciario, incluso personas amantes de la literatura que se ofrecen a recitar poemas a ancianos o personas enfermas. Por ello cuando una persona se interesa por hacer voluntariado y me pregunta qué opciones de colaboración existen, le respondo que tantas opciones como él quiera. La clave está en que cada uno sepa reconocer cuáles son sus virtudes y de qué manera puede orientarlas a mejorar la calidad de vida de los demás. El voluntariado es un compromiso que humaniza tanto a quien lo recibe, como, -y quizá todavía más-, a quien lo realiza. Entre otras cosas porque te acerca a otras realidades que a veces pasan desapercibidas. En el caso concreto de los alumnos de Tecnun, les permite, además, completar la formación técnica y humana que reciben en la Escuela de Ingenieros.

La razón de ser de Tantaka es precisamente la de facilitar al voluntario su colaboración, poniéndole la necesidad de los demás, delante, encima de la mesa. Me he encontrado con que mucha gente no había colaborado antes, por la sencilla razón de que no sabía cómo o dónde hacerlo. La experiencia confirma que la principal barrera que tenemos las personas es nuestro propio desconocimiento, pero por suerte también, hay muchos jóvenes, y no tan jóvenes, que en cuanto se enteran de que existe una necesidad en la que pueden involucrarse, acuden sin pensárselo dos veces a intentar minimizar el sufrimiento del otro. Por suerte, compruebo cada día que sigue habiendo muchos jóvenes capaces de sobreponerse a la cultura del selfie y de vivir la vida en otra dimensión, en la que realmente merece la pena.

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