“En esta vida, no basta con hacer una buena carrera”

El pamplonés y antiguo alumno de Tecnun, Alexander Vaz(Tecnun'09) recibió la ordenación sacerdotal el pasado 29 de abril

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De izquierda a derecha: Iñigo Calabuig, Juan Terrés, Pelayo Ríos, Fernando De La Puente, Juan Tejero, Fernando Accini y Javier Lebrero FOTO: Cedida

09/05/2017 Servicio de Comunicación

De pequeño, Alex quería ser médico, movido por la idea de salvar vidas y el afán de ser útil para las personas. Fue creciendo, pero su interés por las matemáticas, las nuevas tecnologías y por conocer el funcionamiento de las cosas hizo que en 2001 comenzara a estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones. Alexander asegura que la decisión de ser sacerdote la ha tomado con 33 años, pero que es una idea que, sin darse cuenta, llevaba considerando desde hacía tiempo.

¿Cómo recuerda su paso por Tecnun?

El primer año estaba más pendiente del estudio. Después empecé a soñar con poder inventar un producto, mejorar otro o dar solución a un problema concreto y trabajar en una empresa extranjera en el campo de las nuevas tecnologías. Estaba abierto a cualquier cosa, pero siempre con la idea de tener un desafío delante por el que trabajar y poder así mejorar la calidad de vida de la gente.

No obstante, a medida que iban pasando los cursos, me iba involucrando en otras actividades de tipo cultural o solidario.  Esto me ayudó mucho a abrir horizontes y reafirmarme en la idea de que, en esta vida, no basta con hacer una buena carrera. La formación como ingeniero quedaría manca sino viene acompañada de otra formación más humana, social y espiritual.

Y, ¿ha ejercido como ingeniero?

Sí. En quinto curso de carrera ya tenía casi apalabrado hacer el proyecto fin de carrera en Estados Unidos cuando los profesores Andrés García-Alonso y Roc Berenguer me propusieron una oferta que no pude rechazar. La idea era aprovechar mi proyecto final de carrera y la tesis para llevar a cabo un nuevo proyecto de investigación en el Ceit, con el objetivo de crear un spin off. El proyecto era atractivo y además me permitía continuar con las otras actividades extracurriculares.

¿En qué consistió su tesis?

Mi tesis fue justamente la realización de la parte analógica de un chip receptor RFID pasivo que pudiera alimentar un sensor. Es decir, un chip que funcionara de forma inalámbrica, sin batería y que además pudiera alimentar un sensor para dar la temperatura de un paciente, la presión de un neumático, la humedad de un ambiente, etc. Varios de mi promoción, como Daniel Pardo e Ibón Zalbide, se involucraron también en el proyecto, que luego dio lugar a la empresa Farsens. Este año, la nueva versión de ese chip, el Rocky100 RFID IC, recibió el Best New Product Award del RFID Journal LIVE.

Además, fue profesor de Electrónica de Comunicaciones. ¿Qué recuerda de esa etapa?

Cuando empecé a ser profesor, no tenía mucha experiencia docente. Por eso empecé a revisar los aspectos positivos de los profesores que había tenido durante la carrera e intentar imitarlos. En Tecnun, y en especial en la clase de los telecos, los profesores eran bastante cercanos a los alumnos. En mi caso, la edad jugaba a mi favor: sólo tenía dos o tres años más que los alumnos, por lo que resultaba más fácil hacerme cargo de sus problemas o de la manera en la que razonan. Me acuerdo por ejemplo de los viajes que montamos con los alumnos a ver algunas empresas en Madrid, como el complejo de la NASA de Robledo de Chavela, el IESE de Madrid, las instalaciones de telecomunicaciones de Torrespaña o de Movistar Imagenio. Durante esos años, aprendí mucho de los alumnos pero, sobre todo, me lo pasaba en grande con ellos.

¿En qué momento se dio cuenta de que quería ser sacerdote?

Es posible que Dios llame a tu puerta cuando menos te lo esperas, pero desde hace tiempo te ha ido preparando. Estoy seguro de que todo lo que me ha sucedido no ha sido algo accidental: el estudio, el trabajo, el interés por ayudar o aportar algo a los demás… Todo eso ha sido clave para poder decir que sí a esa llamada. Puede que ésta se concretizara en un momento dado, pero yo lo veo más como un camino que, sin darme cuenta, llevo recorriendo desde hace tiempo.

¿Qué cree que puede aportar a la iglesia como sacerdote?

La Iglesia nos necesita y la gente necesita más que nunca de los sacramentos (especialmente de la confesión y de la eucaristía), que son los principales medios por los que Dios sale al encuentro de la gente. Esto sería principalmente lo que procuraré aportar con mi sacerdocio.

¿Y cómo ingeniero?

Soy sacerdote, pero también sigo siendo ingeniero y espero aportar algo con esa mentalidad práctica y realista de los ingenieros, que puede favorecer el estar más cerca de algunos problemas de la vida ordinaria. Por ejemplo, cuando una máquina hace un ruido extraño, o no se comporta como debería de hacerlo, el ingeniero se da cuenta rápidamente: hay algo que no le cuadra y empieza a investigar. En mi opinión, un buen ingeniero no es generalista o superficial, sino que va a la raíz del problema, cuida los detalles y afronta las pequeñas trabas con decisión. Tampoco ve problemas, sino personas y, por ello, no soluciona las cosas simplemente con dinero, sino con cabeza y con su tiempo.

¿Qué espera de esta nueva aventura?

Me parece que mi verdadero interés ha sido siempre servir, ser útil. Ahora espero hacerlo de una manera más especial, pues el sacerdote requiere estar más disponible, más cerca de la gente, y así acortar las distancias entre Dios y las almas.

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