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Situación
del lugar de estudio:
Existen preferencias individuales (habitación, biblioteca),
pero sea cual sea el lugar elegido, debe tener algunos mínimos
requisitos. Conviene que haya un ambiente que invite a la
concentración y evite la dispersión. Es recomendable que esté
bien ventilado e iluminado (luz solar o artificial). Por supuesto,
el ruido ambiental debe ser mínimo.
Mesa
de estudio:
Se recomienda que la altura impida colocar una postura inclinada.
Además, los brazos deben descansar sobre la superficie, formando
el codo un ángulo de 90º. Es conveniente situar la mesa de
estudio frente a una pared o ventana sin vistas para evitar las
distracciones.
Silla:
Lo ideal es que puedan regularse en altura y apoyo lumbar. Es
un elemento muy importante a la hora de evitar la aparición de
una sensación de fatiga precoz. El objetivo es obtener una
posición erguida, con la espalda recta, para lo cual es
beneficioso un apoyo lumbar que facilite esa posición. Si la
silla obliga a estar inclinados continuamente, pueden
desencadenarse molestias musculares dorsolumbares que incluso den
lugar a una contractura muscular dolorosa.
Luz:
El foco de luz debe estar situado por encima de la cabeza, de tal
forma que ilumine verticalmente la zona de estudio o de atención
de la mirada. La bombilla más recomendable es la azul, que emite
una luz completamente blanca. Su potencia puede estar limitada por
la propia lámpara, aunque con 60 W suele ser suficiente. Una
potencia excesiva generará demasiado calor.
Estas
recomendaciones van dirigidas a disminuir la fatiga o cansancio
"físico" que puede perjudicar en el rendimiento sacado
tras una hora de estudio. Además de este cansancio físico, puede
aparecer un cansancio o fatiga "psíquica". "La
atención es máxima durante los primeros 45 minutos, pero a
partir de ese momento la eficacia disminuye hasta hacer muy
difícil la concentración cuando pasan dos horas. Por ello,
conviene marcar unos períodos de descanso de unos diez minutos
cada hora. Es un tiempo suficiente para cambiar de postura,
caminar o centrar la atención en algún otro asunto. También
puede aprovecharse para ingerir una pequeña cantidad de alimento,
a ser posible basado en hidratos de carbono (fruta o pan)".
Para llevar un ritmo adecuado de estudio es fundamental conservar
el tiempo de descanso. Así, debe respetarse un descanso nocturno
de al menos siete horas. Recortar tiempo al sueño puede acabar
convirtiéndose en una arma de doble filo, pues el tiempo ganado
se pierde en intensidad. Un descanso breve al medio día de 15 ó
30 minutos ayuda a mantener el nivel de intensidad cuando comienza
a decaer.
El
Dr. Lavilla recuerda que "el periodo de máximo
aprovechamiento coincide con la mañana, decreciendo a lo largo de
la tarde y, sobretodo, de la noche. Por ello, conviene estudiar la
mayor parte de la materia al comienzo del día y dejar el repaso o
la tarea más fácil para la última hora de la jornada".
Cuidado
con los estimulantes
Existen
sustancias naturales como la cafeína que actúan como
estimulantes y que pueden generar una sensación de un mayor
aprovechamiento del tiempo. De hecho, son capaces de aumentar la
capacidad de atención (por eso se emplean como tratamiento en
algunos procesos, sobretodo en niños, que se caracterizan por una
incapacidad para fijar la atención). Sin embargo, lo que producen
principalmente es un aumento en el umbral de fatiga, no en el
sentido de mayor resistencia, sino de que se percibe menos la
sensación de cansancio.
Este
efecto es peligroso, pues si bien se puede tener la sensación de
que no aparece el cansancio o la fatiga, ésta se va produciendo.
Puede llegar un momento en el que la resistencia física o
psíquica se agote y aparezca de forma brusca toda esa fatiga
acumulada. Por todo ello, debe desaconsejarse el consumo de estas
sustancias con dicha finalidad. "No conviene abusar, pues
pueden producir síntomas cardiovasculares (palpitaciones),
insomnio y disminuir la capacidad de atención o de retención de
conocimientos. Esto puede suceder de forma más grave con las
sustancias artificiales (anfetaminas). Por otro lado, existen
compuestos naturales y beneficiosos que pueden actuar potenciando
la memoria. Entre estas sustancias se han descrito las denominadas
flavonoides, que aparecen en las frutas y vegetales. Existen
estudios en los que se determinan sus niveles en orina como
indicadores de una adecuada ingesta de dichos alimentos. A estas
sustancias se les atribuyen diferentes efectos beneficiosos para
el organismo como propiedades antioxidantes, antivirales,
antitumorales, y por supuesto neuroprotectoras".
Todo
lo comentado hasta ahora se refiere al estudio como capacidad de
mantener la atención para la consecución adecuada de
conocimientos. Pero, ¿qué pasa con los conocimientos
adquiridos?, ¿cuánto tiempo conseguimos retenerlos?, ¿somos
capaces de recordar todo lo aprendido?
La
memoria y la capacidad de aprendizaje y atención dependen en gran
parte de una estructura cerebral denominada hipocampo. Se ha
observado que recibe una gran cantidad de estímulos ópticos,
acústicos, táctiles y viscerales. Su función es parecida a la
de un centro que registra multitud de informaciones procedentes de
otros lugares, los procesa y posteriormente los distribuye. "Una
disminución de sus conexiones neuronales puede ser el origen de
la pérdida de memoria que se produce con la edad. También se han
encontrado alteraciones en diferentes neurotransmisores
involucrados en sus conexiones neuronales debido a la
administración de sustancias como la nicotina. El alcohol cuando
se toma de forma crónica puede lesionar otras estructuras que
influyen en la memoria y, en los casos más graves, llegar a
producir una incapacidad para la retención y asimilación de
conocimientos", explica el especialista de la Clínica
Universitaria. Por otro lado, algunos estudios han llegado a
relacionar el estrés con una reducción en la capacidad de
memorizar, debido a una activación excesiva corticoidea que
influiría sobre las neurotransmisiones en el hipocampo.
Repasar
los conocimientos
Existen
diferentes formas de memoria que pueden tener diversas bases
neurofisiológicas. Respecto a la capacidad de retener datos,
eventos, etc. existe una memoria inmediata, reciente y remota. "Cuando
aprendemos algo, este conocimiento queda impreso en la memoria
aunque no de forma permanente. Si tomamos como referencia un día
cualquiera, los conocimientos aprendidos pueden reducirse en un
10% al cabo de una semana y hasta en un 50% pasadas cuatro
semanas".
La
pérdida de conocimientos adquiridos puede estar influida por el
nivel de atención o interés que se le presta. "Para
evitarlo, la única arma eficaz es adquirir los conocimientos de
forma sólida y fijarlos posteriormente. Por eso, es preciso
estudiar comprendiendo lo que se estudia. Para fijar lo asimilado,
el principal recurso es el repaso. Cuantas más veces se repase,
menos porcentaje de lo aprendido perderemos. Se recomienda
realizar al menos dos repasos, el primero a la semana y el segundo
al mes. De esta forma se refuerza la permanencia de los
conocimientos adquiridos y facilita su retención al cabo del
tiempo", explica el Dr. Lavilla.
Fuente:
Clínica
Universitaria. Universidad de Navarra
http://www.cun.es/
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